Cuando se trabaja con discapacidad, la mayoría de los conceptos y acciones a realizar vienen dadas por normas. No obstante, antes de poner patas arriba una institución, conviene aclarar la diferencia entre costumbre, norma y ley.
Costumbre
La costumbre es una acción que realizamos basada en el uso. Su cumplimiento no es obligado, por lo que si no se observa no tiene ninguna sanción.
Un ejemplo clásico de costumbre puede ser colocada el árbol de Navidad. No hay una policía especializada en comprobar si hemos instalado o no un árbol en fechas navideñas. Tampoco existe una sanción económica para los que instalen un árbol demasiado vistoso. Es sólo una tradición que se puede seguir o no.

Norma
La norma es una acción que realizamos basada en la experiencia. Su cumplimiento es obligado, pero no tiene sanción.
La forma más clara de entender el funcionamiento de una norma es con las normas ortográficas. La experiencia nos dice que cuando no las cumplimos puede haber fallos en la comunicación:
“Me voy a cazar”
Si no cumplimos las normas ortográficas que indican que el verbo “casar” se escribe con s, podemos dar lugar a malos entendidos; puesto que no sabemos el interlocutor va a unirse a alguien en un enlace matrimonial o a matar animales en el bosque.
La norma por tanto facilita la vida ya que se basa en experiencias previas.

Ley
La ley es una acción que realizamos basándonos tanto en el uso común como en la experiencia. Su cumplimiento es obligado, y tiene sanción.
En casi la totalidad del planeta, matar a alguien es un delito. Es decir, si matamos a alguien tendremos una sanción.

Es importante recordar que en materia de discapacidad, la mayor parte de acciones se rigen por normas. Algunas leyes obligan a cumplir normas. Esto se debe a la gran heterogeneidad de la población con discapacidad; en muchas ocasiones podemos encontrar excepciones en los que una ley no podría ser aplicada al pie de la letra y debería ser reinterpretada. Para eso existen las normas de accesibilidad universal.
Aunque parezca que la costumbre no es influyente en materia de discapacidad, no debemos olvidar que ésta se fundamenta en la sociedad. Por tanto, no cumplir una costumbre puede acarrear consecuencias negativas para una institución. Por ejemplo, si una empresa utiliza algún tipo de producto poco ecológico o se descubre que entre sus procesos de fabricación se utiliza mano de obra infantil (a pesar de que sea legal en el país utilizada) puede afectar a su imagen y por tanto a sus ventas.
Una situación parecida plantea el anuncio publicitario de la Fundación Bequal
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