Es obligación de cualquier traductor o intérprete que se precie el saber documentarse de forma fidedigna. Muchas veces en las redes sociales encontramos miles de bulos y rumores que nuestros contactos difunden como ciertos, bien por desconocimiento, bien por no haberse informado.
¿Quién no ha leído en el muro de algún amigo aquello de
« Por el presente comunicado se notifica a Facebook que tiene estrictamente prohibido…»?
Estos bulos no pasan de ser una pequeña molestia en nuestros momentos de ocio, y son fácilmente desmontables. De hecho, hay páginas que se dedican a desmentirlos como
http://www.archerphoto.eu/esmentira/
Otras lo que invitan es a comprobar la veracidad de estos bulos con consejos y trucos
http://thatsnonsense.com/blog/internet-rumors-how-to-debunk-internet-rumours/
Pero en lo que coinciden todas es en comprobar y re-comprobar la veracidad de lo que se dice. Esto es un ejemplo en redes sociales y en cuestiones de ocio; pero, imaginemos qué ocurre en una traducción por la que vamos a cobrar, y nuestras fuentes de documentación no están contrastadas. La calidad de nuestro trabajo puede verse seriamente afectada si, como ocurre en muchas ocasiones, vemos que en las bibliografías se cita a Wikipedia o al Rincón de Vago.
Por eso es fundamental documentarnos correctamente en nuestro trabajo, algo que se notará también en nuestra vida privada. Es importante dudar de cualquier cosa que se nos diga o nos llegue de una fuente no fiable (amigos, Facebook, el primo de alguien). La reputación de una Web es su principal valor; y nuestra documentación, nuestra principal arma contra cualquier crítica.
