Lectura labial o la falsa panacea

Imagen del blog de sordera. Lectura labial. Fotografía de un rostro de mujer con la boca abierta de la que salen letras.

Es una creencia muy extendida, que las personas sordas pueden leer los labios y así suplir su falta de audición. Esto es una verdad a medias, ya que pueden leer los labios, pero no significa que reciban toda la información.


Con la lectura labial se puede «leer» un 50%; otro 30% no se entiende pero se puede sacar por el contexto y el 20% restante, simplemente se pierde.
Para poder comprender esto no tenemos más que ponernos delante de un espejo y mover los labios sin hablar pronunciando las palabras «mamá» y «papá».

¿Vemos alguna diferencia? No, porque no la hay.

Así palabras como «mapa» y «baba» o «pavo» y «papo» suenan igual. En el primer caso no hay problema, el contexto nos ayuda. Si decimos «Necesito un —- para saber llegar a casa.» no tendremos ninguna duda de cuál de las dos palabras es la correcta. Pero en el segundo caso, si nos dicen «Quiero comer —-.» No sabemos si la persona tiene hambre o una necesidad sexual desaforada.

 

Fuente de la imagen:

http://www.omniainuno.com/esoterismo-tradicional/rosacruz/el-poder-mantramico-de-las-vocales

6 comentarios

  1. […] Los sistemas de comunicación empleados con las personas sordociegas se clasifican en función de en qué estén basados. El sistema TADOMA lo está en las lenguas orales, por lo que necesita que la persona las conozca previamente. Fue inventado por Sophia Alcorn a principios del siglo XX cuando perfeccionó el sistema utilizado por la famosa Anne Sullivan, tutora de Hellen Keller. Funciona haciendo que la persona sordociega pueda percibir la voz de la persona que habla mediante el tacto a través de su cara, garganta y boca. La persona sordociega apoya los dedos pulgares en los labios de su interlocutor, los meñiques en los huesos de la mandíbula y los demás dedos junto con el resto de la mano sobre las mejillas y el cuello del interlocutor. Así puede notar las vibraciones producidas por el hablante al expulsar el aire al hablar. Este sistema además de permitir «escuchar» ayuda también a aprender a hablar. No obstante, requiere un aprendizaje muy lento y complicado y no siempre es del todo efectivo; recordemos que algunos fonemas se pronuncian igual (Véase post «lectura labial o la falsa panacea») […]

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