El otro día un pequeño incidente me hizo reflexionar sobre la manera en la que trabajamos. Una compañera me comentó que mi procesador de textos debía tener algún problema, ya que en varios de los textos que le había enviado faltaban palabras y aparecían los números 33o y 33a, por lo que el texto a veces era confuso.
Lo que mi compañera no sabe es que un servidor a veces peca de vagancia. ¿Se han planteado alguna vez lo complicado que es escribir “lingüística”? Hasta la letra G todo va bien, pero a partir de ahí es donde todo es caos. La combinación de teclas “mayúscula-tilde-U-tilde-I” nos deja, a los que escribimos con 10 dedos, el meñique y el anular destrozados.
La vagancia, que agudiza el ingenio, me hizo pensar una solución. Cada vez que quiero escribir “lingüística” escribo 33a, y cada vez que quiero escribir “lingüístico” pongo 33o. Después con la función “buscar y reemplazar” sustituyó 33 por “lingüístic”. Este proceso puede parecer complicado; pero créanme, cuando en un texto aparecen más de 25 veces esas palabras nuestros dedos se resienten.
Así que, si en algún texto de este blog o en cualquier otro texto que escriba encuentran un 33, ya sabrán que ese día “la pereza puede más”.
