Ayudas auditivas I, el audífono

En la actualidad pasan desapercibidos, casi no se ven y mucho menos se oyen; los audífonos actuales han evolucionado tanto que son menos visibles que cualquier otro elemento supletorio para el cuerpo como sillas de ruedas, gafas o muletas.

Desde las antiguas «trompetillas» a los modernos audífonos endoaurales no ha pasado tanto tiempo, apenas un siglo, sin embargo el salto tecnológico ha sido abismal.

Fotografía de varios audífonos. Los endoaurales pueden introducirse en el canal auditívo; mientras que los retroauriculares descansan sobre la oreja.

La función sigue siendo la misma, recoger sonidos y amplificarlos para que puedan ser audibles. Dependiendo de la pérdida auditiva de cada persona, estos aparatos necesitan una regulación que se realiza en la tienda según los datos de la audiometría del paciente. También se ha de realizar un molde en silicona de la oreja del paciente para que cualquiera de los modelos de audífono seleccionado (externo o interno) encaje a la perfección. Esto es de vital importancia para recibir los sonidos correctamente, evitar molestias y que los dispositivo no produzcan un insistente e incómodo ruido. Este proceso de personalización y la avanzada electrónica de los dispositivos eleva muchísimo su precio (entre 1500€ y 3000€ cada uno). Si a eso le sumamos que los oídos, al igual que los ojos, pueden tener distintas graduaciones, el coste total se eleva hasta cifras no del todo asumibles por la mayoría de la gente.

La subvención de estos aparatos ha estado siempre rodeada de polémica. Existen posturas muy contrarias a la subvención como es el caso de España, en la que no hay ningún tipo de ayuda, ya que se considera una ayuda similar a las gafas. Es decir, ayuda; no necesidad (a pesar de que una persona con 5 o más dioptrías sea oficialmente ciega).
Por otro lado tenemos el caso de Ecuador, donde se decidió subvencionar el 100% del coste de los audífonos incluso a personas que por su pérdida auditiva no lo iban a poder aprovechar (ahí siguen guardados en cajones).

Ambas posturas tienen algo de razón. No son imprescindibles ni infalibles, pero si que ayudan a mejorar mucho la calidad de vida de las personas que los usan (siempre y cuando no los dejen olvidados en algún lugar).

 

Fuente de la imagen:

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