Existe un sinnúmero de personas que trabajan junto a compañeros/as sordos/as y no saben lengua de señas. Es muy habitual escuchar cosa como “él me entiende sin problemas” o “Ella sabe lo que tiene que hacer sin que se lo digamos…”
Posiblemente, muchas de estas personas sordas, tengan una lectura labial buena; sin embargo, como sabemos, la comunicación no es efectiva al 100%. Una de las consecuencias que tiene la sordera, es que a la persona que la padece le llega la información filtrada.

En numerosas ocasiones sabemos algo no porque nos lo hayan enseñado, sino porque “lo sabe todo el mundo”. Pero ¿Cómo nos ha llegado esa información? ¿Por qué sabemos algo? ¿de dónde salió? No siempre es posible fechar el momento en el que aprendimos una cosa, lo que sí es probable es que “lo hayamos oído por ahí”.
Esto no siempre ocurre en el caso de las personas sordas. Mucha de la información que nosotros recibimos no les llega.

Esta información pueden ser desde instrucciones básicas a valores éticos, pasando por prejuicios, deberes o estereotipos.
Una de las consecuencias de esta falta de información es en ocasiones la ausencia de valores morales; que, en casos graves, lleven a delinquir a la persona sorda. No obstante, estos delitos no son entendidos por la persona sorda como tal, sino como una conducta natural fruto de sus experiencias.
Este hecho también suele ocurrir con los prejuicios o las imposiciones morales. Por lo tanto, las personas sordas pueden ser más tolerantes al carecer de ellos. Un ejemplo es el porcentaje superior al de la población oyente de sexualidades alternativas. Sobre este tema se habló en el post Sexordos.
[…] Una vez adquiridos los conocimientos oportunos sobre qué significa tener una discapacidad y cómo se debe tratar con las personas que tengan alguna; se propone profundizar más en la llamada “discapacidad invisible”. […]