Sordo + sorda = ¡A saber!

Siempre se ha dicho que «de tal palo, tal astilla». Hoy en día sabemos que la genética juega un gran papel en esta afirmación, ya que la información de nuestros cromosomas se perpetúa generación tras generación. Algo que ocurre también con las personas sordas.

Sin embargo, esta repetición no es exacta y con el paso del tiempo se agregan o pierden cualidades. La media de los adolescentes de hoy en día superan en altura a sus padres, y estos hicieron lo mismo hace unas décadas. La naturaleza es caprichosa y decide qué características se perpetúan y cuales no, como por ejemplo la sordera.
Es rotundamente falso que de dos padres sordos nazca un hijo obligatoriamente sordo. Las combinaciones pueden ser infinitas:

Padre oyente, madre sorda: hijo sordo, hija oyente.
Padre sordo, madre sorda: hija oyente, hijo sordo.
Padre sordo, madre oyente: …

De hecho la mayoría de las personas sordas tienen progenitores oyentes. He ahí la importancia de poder desarrollar métodos de comunicación alternativos a la lengua oral que fomenten la comunicación en el seno familiar.
De forma general se suelen presentar dos formas de afrontar la sordera de un hijo/a.
La corriente oralista sostiene que el niño debe aprender a vocalizar y a leer los labios cuanto antes. Sin embargo, este hecho no se producirá hasta, como mínimo, la adolescencia; ya que necesita de una gran cantidad de esfuerzo y dedicación por parte del hijo/a.
Otra corriente, la lingüística pugna por usar una lengua de signos (o señas) para comunicarse. No obstante, esto implica mayor esfuerzo por parte de los padres, quienes han de aprender un segundo idioma que a su vez han de enseñar a su hijo/a.
La cuestión como se ve, es decidir quién debe llevar el peso de la discapacidad.

Fotografía de la capacitación para padres realizada por la Fundación DHEx - Vivir la Sordera. En ella los asistentes muestran su diploma acreditativo de asistencia.

Fuente de la imagen:

http://www.vivirlasordera.com

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