
Imagina esto: tu madre, pareja, hermano, hija o mejor amigo es asesinado. Muere en medio de un episodio de sufrimiento inimaginable —secuestro, tortura, tiroteo masivo, asesinato en serie o incluso canibalismo. La vida de tu ser querido es arrebatada de forma injusta e irremediable, dejándote con un vacío permanente y un duelo que te acompañará hasta el final de tus días.
Pero lo más insufrible no es solo la pérdida. Con el tiempo, descubres que una productora multimillonaria lanzará una serie basada en la vida del criminal que destruyó tu familia. Tu actor favorito agradece públicamente la oportunidad de interpretar al asesino. En el supermercado, ves revistas con fotos del agresor y la víctima en la portada. En el taxi, el conductor escucha un pódcast que narra el crimen con lujo de detalles. Y miles de personas, gracias a la facilidad de la comunicación global, opinan sobre el caso sin conocer tu realidad.
Este escenario no es ficticio para muchas familias de víctimas. La creciente tendencia del contenido true crime ha creado una verdadera distopía mediática, donde el dolor familiar se convierte en entretenimiento lucrativo. La industria del entretenimiento, desde influencers hasta grandes medios, capitaliza el sufrimiento ajeno, explotando tragedias reales para alimentar la curiosidad de una audiencia que consume el horror desde la comodidad de su hogar.
Mientras tanto, las familias, muchas migrantes, enfrentan gastos jurídicos, funerarios y una lucha económica sin recibir compensación ni reconocimiento por el uso de la imagen e historia de sus seres queridos. La deshumanización de estas tragedias y el sensacionalismo que las rodea exigen un replanteamiento ético urgente del modelo de producción audiovisual.
El true crime no debe seguir siendo una vía para enriquecer a extraños a costa del dolor de otros. Es momento de cuestionar cómo consumimos estos contenidos y exigir una narrativa más responsable, empática y justa.












Pingback: El impacto del lenguaje y la terminología en la percepción de la migración – Blog de prácticas PUCE